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martes, 22 de mayo de 2012

Una conferencia sobre la dependencia(a nuestra pareja) y nuestros defectos

Hoy tuve una gran crisis, ¿emocional? no... ¿Psicológico? no... fue una crisis espiritual, así que me puse a busca en youtube un sacerdote que había escuchado alguna vez en mi búsqueda de equilibrio mental.

El Padre José Jovana es la imagen de lo que considero un ser humilde y sobre todo divertido, nos habla de nuestros errores como seres humanos con una sinceridad que no puedes más que reírte de lo patéticos que somos. El padre tiene años impartiendo conferencias en grupos de Alcohólicos Anónimos con gran exito.

Dediquen 2 horas de su vida caótica a juzgarse.

Les dejo las ligas escuchen, piensen, reflexionen y sobre todo: Diviértanse :)

ACLARO QUE NO SOY AA, PERO DEBEMOS SACAR SABIDURÍA DE DONDE LA ENCONTREMOS


PARTE 1
PARTE 2

PARTE 3

PARTE 4

PARTE 5

PARTE 6

PARTE 7 


PARTE 8

PARTE 9 


PARTE 10 


PARTE 11


PARTE 12


PARTE 13


PARTE 14 


PARTE 15


PARTE 16 


PARTE 17 


PARTE 18


PARTE 19 


Les comparto la liga de mi libro "Superarlo o morir"

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martes, 17 de abril de 2012

100 días

Esta historia me conmovió mucho y pensé que sería de su agrado, espero que les guste. vista en:


Una bella princesa estaba buscando consorte.

Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos… Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riqueza que el amor y la perseverancia.

Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
-Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esta será mi dote.

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:

-Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.

De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.

Al llegar el día 99, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar dónde había permanecido cien días.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: -¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?

Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas. El plebeyo contestó en voz baja: -La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.

Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos como prueba de afecto o lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra dignidad, merecemos al menos una palabra de comprensión o estímulo. Las personas tienen que hacerse merecedoras del amor que se les ofrece.

Les comparto la liga de mi libro "Superarlo o morir"

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